jueves, 22 de marzo de 2012

Capítulo 1.


Si le hablas de California a cualquier persona, lo más seguro es que piense en sol, playa y gente bronceada. Si le hablas de California a Sofía Jones, probablemente se encoja de hombros, disimulando una mueca de asco.
Sofía detesta vivir en California casi tanto como el instituto. Desde el primer día, la secundaria se convirtió en un infierno. Es tan típico y absurdo que es hasta gracioso; Los adolescentes son simples, no les gusta demasiado lo raro, y Sofía lo es.
No es el tipo de chica californiana de piel morena, pelo rubio con perfectas ondas y grandes ojos claros, es tan bajita que aparenta trece años aunque esté cerca de los diecisiete, tiene los ojos y el pelo oscuro, tan liso que siempre acaba tapándole la cara. No le gustan las fiestas en la playa y no se relaciona demasiado con la gente; cuando alguien le habla se pone nerviosa y responde alguna gilipollez. Empieza a pensar que no está hecha para las relaciones sociales.
Se sienta en la mesa más alejada de clase, junto a la ventana, esperando a que acabe el día, pero a veces… bueno, en todo instituto tiene que haber un grupo de chicas populares y divinas, en este instituto estaba encabezado por una guapa y rubia animadora llamada Ashley Smith. No es que la acosen, todo lo contrario, por lo general suele ser invisible para todo el mundo, pero alguna que otra vez han dejado caer mofas tipo “perdedora” o “rarita” cuando pasan a su lado. Hace como que no las escucha, se mete los auriculares en las orejas con la música a tope y agacha la cabeza hasta que se largan.
No es cobardía, simplemente prefiere dejarlo pasar.

Sofía juguetea con un hilo suelto de los vaqueros cuando se da cuenta de que ha pasado casi toda la hora de clase sin prestar atención. Suspira y vuelve al hilo del pantalón.
De repente la puerta de la clase se abre y entra una chica. Todos los ojos se posan en ella pero entra sin cohibirse. Se escuchan murmullos y Sofía está casi segura de que es por el aspecto de la chica. Definitivamente por allí no estaban muy acostumbrados a ver a alguien así. Lleva unas zapatillas que habían vivido sus mejores años hacía mucho, medias negras y rotas por todos lados, camiseta de Black Flag (¡Black Flag!), un pantalón demasiado corto como para llevar etiqueta de “chica decente” y una mochila de tela llena de parches colgada del hombro.
El profesor de cálculo le pregunta con voz aburrida si es la nueva y ella asiente de forma energética. Sofía no está prestando demasiada atención, pero debe de decirle que tome asiento porque la chica  se adentra entre las fileras de mesas.
-Tenemos de compañera a un miembro de la Familia Adams –se burla en voz alta Ashley, lo suficiente alto como para que la clase escuche lo ingeniosa que es, y se escuchan varias risitas de fondo. El profesor los chista sin demasiadas ganas.
La chica le saca el dedo índice sin reparo a Ashley y sigue andando tranquilamente, dejando a la rubia con la boca exageradamente abierta. Sofía la compadeció, no sabía en la que se acaba de meter.
Oh, vaya, estupendo, se sienta al lado de ella, no en la mesa vacía de al lado, ni en la que está a un par de de filas por delante, a su maldito lado. Le iba a venir genial aquello para su popularidad.
Sofía se remueve en su asiento, incómoda, y frunce el ceño. Apoya la barbilla en una mano e inclina la cabeza para que el pelo caiga, creando una cortina, semi ocultando su rostro.
-Hola –dice la chica. Sofía rueda los ojos no quiero socializar contigo-. Me llamo Karma.
Sofía gira un poco la cabeza y la mira ¿De qué tipo de burdel se había escapado? Tiene los ojos pintados de negro, enmarcando unos ojos verdes, grandes y brillantes,  los labios de un morado intenso y el pelo rojo (teñido; se le empiezan a adivinar las raíces oscuras) recogido en una larga trenza de la que se escapan varios mechones que caen sobre sus hombros. Un look muy adecuado para el instituto, sí señor.
-Vale –dice Sofía simplemente.
-¿Vale? –la chica, Karma, ¿qué tipo de nombre es ese?, la mira directamente a los ojos, lo que hace sentir incómoda a Sofía.
-¿Qué pasa? –pregunta sin entenderla.
Karma suelta un pequeña carcajada y se pasa la mano, con las uñas pintadas de negro, por el pelo.
-Bueno, cuando alguien se presenta diciendo su nombre espera que le respondan igual, no con un estúpido “vale” –explica.
-¿Me estás llamando estúpida?
-¿Qué? No, claro que no –Karma se defiende y la mira como si fuera algo muy divertido. A Sofía no le hace gracia-. ¿Cómo te llamas?
Sofía la mira, sopesando la idea de ignorarla, tal vez no insistiría en mantener una conversación. Karma da golpecitos en la mesa con las uñas y no le quita los ojos de encima, no parecía que se fuese a rendir.
-Me gusta Black Flag –dice Sofía señalando su camiseta. Karma sonríe de oreja a oreja y, tiene que admitir que es una sonrisa adorable.
Karma vuelve a abrir la boca, seguramente para preguntar otra cosa, pero Sofía abre su cuaderno y empieza a copiar frenéticamente lo de la pizarra. La pelirroja capta la indirecta porque no vuelve a decir palabra en lo que queda de clase.


A Karma Evans le encanta California. Acaba de mudarse allí con su familia y ya siente que es su lugar. Se han trasladado desde Nueva Jersey, un lugar gris, y el cambio es importante. En California siempre hay sol y es como si la llenara de energía.
Desde que ha llegado ha estado con la sonrisa estampada en la cara, está segura de que sus nuevos vecinos ya piensan que está loca, pero no le importa.
Ya tiene localizadas varias tiendas de música, se ha hecho amiga de la abuelita que vive en la casa del al lado,  ha ido a la playa y ha jugado en la orilla del mar con su padre como si los dos fueran críos.
Está contenta y todavía no había empezado a extrañar su antiguo hogar.
El primer día de instituto está algo nerviosa; hacía unos meses que el curso ya había empezado y no conoce a nadie, pero eso nunca ha sido un problema para ella.
Cuchichean bastante cuando la ven pasar pero ella les sonríe descaradamente.
No es chulería, es ganas de comerse a todos.

Karma va algo perdida, no conoce todavía el instituto. Ha pasado de la cafetería porque no le apetece sentarse sola y ha salido fuera a disfrutar del sol. Entonces la ve. La chica con la que ha compartido mesa en su primera clase. Sentada en el suelo, medio oculta por un par de arboles, con las piernas cruzadas, la espalda apoyada en la fachada de una pequeña casita -de mantenimiento, o de objetos de gimnasia tal vez, Karma no tiene ni idea-.
Se acerca a ella. Cuando la chica la ve, pone mala cara. A Karma le hace gracia como lo intenta disimular: aprieta los labios y mira hacia otro lado.
-Hey –saluda. Se sienta a su lado sin esperar una invitación.
No parece muy contenta de que ella esté ahí. Bah.
-Tienes unos ojos muy bonitos –dice Karma. La chica pone cara de no enterarse de una mierda que resulta muy graciosa-. Parecen dos caramelos.
Otra vez esa cara mal disimulada.
-Oh, tengo una idea –exclama Karma- como no sé tú nombre te llamaré Caramelo ¿vale?
-¿Eh? –musita la recién bautizada.
-Encantada de conocerte, Caramelo –le agarra la mano y se la estrecha, aunque no está muy por la labor-. ¿A qué clases vas? A lo mejor compartimos alguna más.
La chica boquea un par de veces pero no llega a decir nada.
-¿Te has tragado una mosca o algo, Caramelo?
-¡Sofía!
-No, me llamo Karma, te lo he dicho antes.
-Idiota, Sofía soy yo –explica alterada.
Karma se ríe con ganas.
-Lo sé, era broma –rebusca en su mochila y saca una hoja de color amarillo y un bolígrafo y empieza a escribir algo-. Ahora que ya nos conocemos puedo invitarte a mi casa.
Le da la hoja y se levanta del suelo, dándose palmadas en el trasero para limpiárselo.
-Antes has dicho que te gusta Black Fag, podemos escucharlos juntas. Y luego puedes enseñarme la ciudad, todavía no la conozco demasiado ¿Qué te parece?
-Eeeh... –balbucea Sofía.
-Tomaré eso como un sí. Esta tarde ¿a las seis?  –asiente para ella misma-. Genial, nos vemos luego, Caramelo.
Y tras decir eso se va de allí alegremente.
Sofía contempla como se aleja, piensa que esos pantalones tan cortos deberían estar prohibidos, y cuando la pierde de vista agacha la mirada al papel que le ha dado: una dirección y un pequeño e infantil dibujo de un pene sonriente.
¿Qué demonios acababa de pasar?

1 comentario:

  1. ¡¡Putillas mías!!

    ¡¡¡Me gusta!!! la pelirrojilla descarada me recuerda a alguien... aunque por el momento no tienen mucho que ver, pero no sé, he pensado en él.

    ¡¡Espero que no tardéis mucho en subir lo siguiente!!

    ¡¡un abrazo cielos!!

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