Sofía se tira en la cama, pero se levanta rápidamente y
estira la colcha de color pastel hasta alisarla. Si a su madre le diese por
entrar y viera la cama desordenada y a ella encima le daría un ataque. Odiaba
aquella manía suya de tenerlo todo en orden y perfecto, pero odiaba todavía más
haberlo heredado. Suspiró.
Su habitación era otro cuarto más de aquella casa que
se mantenía en perfecto orden y equilibrio. Las paredes pintadas de un color
claro, las cortinas blancas y de encaje, los muebles –cama, armario, tocador
sobre el que había un espejo de marco dorado- de madera de roble y una suave
alfombra en el centro de la habitación. El único toque personal que había allí
era un póster de Axl Rose, pegado dentro de la puerta del armario para que no se
viera.
Enciende el ordenador para mirar su correo. Borra algo
de spam y se detiene en el mensaje semanal que el cine del que es socia le
manda; hacen una de esas películas de zombies, que son malas y todas iguales
pero que a Sofía, secretamente, le encantan.
Por un momento se le enciende la bombilla y piensa que
podría estar bien preguntarle a Karma si querría ir con ella.
O no.
A lo mejor no le gustan las películas de zombies.
O tal vez ya se ha dado cuenta de que es mejor no ser
su amiga.
Apaga el ordenador de un manotazo y saca el libro de
literatura de la mochila para intentar estudiar algo.
Al cabo de un rato piensa que es mejor cerrarlo, porque
ha estado diez minutos dibujando, casi sin darse cuenta, penes sonrientes en el
margen del libro.
No
es que no pueda parar de pensar en Karma, no, no, es que me ha hecho gracia el
dibujito ¿vale? No se lo cree ni ella.
Karma es genial… es un poco rara y está loca, pero es
genial. Está todo el rato sonriendo y
parece que siempre tiene algo que decir. Se han pasado la tarde juntas, primero
en su casa y luego habían ido a dar un paseo por la ciudad, pero Sofía no
conocía muchos sitios interesantes a donde llevarla. Se lo había pasado bien,
aunque la mayor parte del tiempo había tenido la boca cerrada mientras Karma no
paraba de hablar. Se había sentido incómoda, más de lo quisiera, ante el
descaro de la pelirroja con algunas cosas, como cuando se cruzaron con un grupo
de chicos que les lanzaron piropos (Sofía estaba segura de que iban dirigidos
sólo a la otra chica) y Karma les contestó haciéndole propuestas obscenas. Se
sintió aliviada cuando se dio cuenta de que iba en broma.
No sabía en qué momento se había soltado el pelo, pero
cuando lo hizo se quedó embobada. La larga melena roja le caía en suaves hondas
hasta la cintura y, algunos mechones rebeldes caían por cara, rozándole las
mejillas. Sofía sentía envidia y a la vez admiración por su belleza.
Sofía no se había fijado mucho en nadie, pero cuando lo
había hecho, nunca había sido de un chico y…
Sería horrible que Karma se enterara de que le gustan
las chicas. Tal vez, se alejaría de ella.
Sofía dio un par de vueltas en su silla giratoria, echó
la cabeza hacia atrás y clavó la mirada
en el techo. Nadie sabía que era lesbiana. Si su familia se enteraba probablemente
la atarían a la cama y harían que un cura intentase sacarle el demonio de
dentro. Si se enteraban en el instituto no pasaría nada, tal vez alguna mofa
tonta, pero nada importante. Aunque bueno, siempre había alguien con la
mentalidad de sus padres…
¿Qué
más da? Nadie lo va a saber. Y menos Karma.
La puerta de la habitación se abre de repente,
interrumpiendo el hilo de sus pensamientos. Emily, su hermana, asoma la cabeza. Es tres
años menor que ella y es como un gran grano en el culo. La niña mira a Sofía
con sus enormes ojos oscuros con malicia y sonríe.
-¿Ya estás pensando en tu novio? –dice con su molesta
vocecilla aguda.
-Yo no tengo novio –Sofía intenta no perder los
nervios.
-Normal, eres un cardo –se burla Emily, acariciando una
de sus trenzas de pelo oscuro que lleva recogidas con un fino lazo rosado.
-Y tú adoptada -Sofía pone mala cara, pero no lo
intenta disimular como hace de costumbre. Emily le saca la lengua, haciendo que
la nariz, salpicada de pecas, se arrugue-. ¿Qué quieres?
-Mamá dice que la cena está lista –explica antes de
desaparecer por la puerta de nuevo.
Sofía sale de la habitación y sigue a su hermana.
El día siguiente de instituto transcurre como de
costumbre; ella en la mesa más alejada de clase, pegada a lado de la ventana y
distraída con alguna tontería; ese día se ha dedicado a intentar hacer un
agujero a la goma de borrar justo por el centro sin que se partiera por la
mitad, sin éxito.
Ese día no tiene cálculo y al parecer no comparte
ninguna otra clase con Karma.
Oh.
Mejor se
dice. Así no la molestaría con su inagotable energía a la hora de hablar.
Pero cuando a la hora de la comida y va a su sitio
habitual ve a Karma sentada, esperándola, y no puede evitar sonreír.
-¡Hola! –saluda la pelirroja alegremente. Ese día lleva
puesta una vaporosa falda negra, medias moradas, esas zapatillas mugrientas y
una horrible camiseta verde que no le pega en absoluto. Aún así está preciosa piensa Sofía.
Sofía le responde el saludo con un ligero movimiento de
cabeza.
-¿Vas a sentarte? –Karma la mira burlonamente, y
entonces se da cuenta de que se ha quedado de pie, mirándola como una estúpida.
Se apresura a sentarse a su lado y, cuando lo hace,
Karma le da un empujoncito amistoso con el hombro.
-Me gusta tu chaqueta –le dice tirando de la manga.
Sofía se mira a sí misma y piensa que está bromeando.
Su chaqueta de punto color crema con botoncitos en forma de cereza no parece
para nada su estilo.
-Estás bromeando ¿no? –pregunta algo insegura.
-No, no –Karma hace un gesto con las manos-. Es muy
bonita, yo nunca he tenido algo así.
-Te la regalo –Sofía se sorprende así misma de haber
dicho eso sin pensar, pero antes de darse cuenta ya se la está sacando por los
brazos.
-¿En serio? –exclama Karma con los ojos muy abiertos-.
No es necesario…
-No pasada nada –le tiende la prenda-. De todas formas,
la detesto.
Karma mira la chaqueta y parece que los ojos le brillan.
Se la pone y su conjunto queda todavía más estridente. Le va algo pequeña
porque es más alta que Sofía, pero aún así le queda como un guante. Se levanta
del suelo y da un par de vueltas con los brazos abiertos como si fuera una
bailarina, haciendo sonreír a Sofía. Vuelve a sentarse al lado de ella y le
rodea la cara con las manos, la acerca a ella y le da un beso en la mejilla.
-Jo, muchas gracias, Sofi –dice sin soltar su cara.
Sofía está segura de que se ha puesto roja como un tomate. Karma, entonces, se
queda pensativa y después abre los ojos y la boca en una expresión de sorpresa –
¡Yo también quiero darte algo!
Sofía observa como Karma rebusca en su mochila y saca
un jersey morado. Va a protestar y decirle que no es necesario que le de algo a
cambio, pero Karma le pasa la prenda por la cabeza sin darle tiempo a abrir la
boca. Resignada, pasa los brazos por las mangas y se la termina de poner bien.
Tiene el cuello ancho, por los hilos sueltos probablemente haya sido cortado de
malas maneras con unas tijeras, por lo que le cae por un hombro y las mangas le
están demasiado largas.
-Déjame ver eso –Karma agarra sus brazos y da un par de
vueltas a los puños hasta dejar las mangas a su medida-. Así mejor… ¡te queda
bien ese color!
La mira pensativa y, de repente, le brillan los ojos.
Vuelve a rebuscar en su mochila y saca una cámara de fotos. Sofía no entiende
de fotografía pero parece ser muy antigua. Se pregunta que pretende hacer con
ella.
-Con esta luz tus ojos parecen más claros. Son como dos
caramelos más que nunca –explica colocándose de rodillas delante de ella y
mirando por el objetivo-. Tengo que fotografiarlos.
Sofía se remueve y baja un poco la mirada. Nunca le han
gustado mucho las fotos.
Karma baja la cámara y estira un brazo hacia ella para alzarle
el rostro y retirarle el pelo de la cara, colocándolo detrás de la oreja.
-Tienes pecas, casi no se te ven –dice para sí misma
pasándole un par de dedos por la nariz, haciendo que Sofía cerrase los ojos
involuntariamente.
-Menuda pareja de bolleras más rara –ambas se giran
hacia donde viene esa voz. Ashley seguida de su grupito de lameculos, que se
ríen como gallinas, las señala con una sonrisa burlona. Afortunadamente pasa de
largo sin añadir nada más.
Sofía agacha la cabeza, avergonzada, y Karma se remueve
a su lado.
-Es idiota –dice, aunque su voz no suena molesta-.
¿Quién es?
-Ashley Smith, es la capitana de las animadoras
–explica Sofía sin levantar la mirada del suelo.
-¡Que típico! – exclama divertida-. ¿También sale con
el capitán del equipo de fútbol?
Sofía se ríe.
-¿Qué? –Karma da un par de palmadas-. ¿Sí?
-No, pero estuvieron saliendo el curso pasado.
-Este jodido instituto es como una película –Karma
estalla en risas-. ¿Y ese capitán está bueno?
-Supongo… -se quedó pensativa. Matt Anderson lleva a la mayoría de féminas del instituto babeando detrás de su pelo castaño claro, sus ojos azules y su cuerpo de deportista. Lo busca con la mirada y lo encuentra no muy lejos de allí, sentado en la hierba, balón entre las piernas, con sus compañeros de equipo. Karma sigue su mirada y cuando lo ve se queda con la boca abierta.
- ¿Es ese? -pregunta. Sofía asiente-. Es MUY guapo.
- Pues a mí no me gusta.
- ¿Cómo no puede gustarte? -Karma aparta la mirada de Matt y mira a Sofía como si estuviese loca- ¿Eres lesbiana?
Es una pregunta inocente y en plan broma, pero Sofía se atraganta con su propia saliva.
Mierda, ¿Tan evidente soy?
Abre y cierra la boca un par de veces pero no es capaz de decir nada. Se ha puesto repentinamente nerviosa, le sudan las manos y tiene ganas de salir corriendo de allí. Karma cambia la expresión bromista por una un poco más seria. La mira con los ojos entornados.
- Eres lesbiana -afirma. Se lleva la mano a la barbilla y piensa-. Bueno, pues nada ¿Y Ashley qué te parece? Es tonta, pero es guapa, ¿no?
- ¡No me gusta Ashley! -exclama Sofía asqueada solo con la idea.
- ¡Ah, menos mal! -Karma se lleva la mano al pecho en un teatral gesto dramático y se ríe.
Sofía se sorprende de lo poco incómoda que se ha sentido cuando Karma se ha enterado de que es lesbiana. No se lo ha confirmado, pero no hace falta. Sonríe.
- ¿Quieres venir al cine el viernes? -Pregunta de sopetón-. Hacen una película de zombies...
- ¿Es una cita? -Karma la mira seriamente y a Sofía casi le da un infarto ¿Eh? La pelirroja suelta una carcajada- Es broma, claro que quiero una no cita contigo.
Suena la campana que indica que la hora de la comida ha llegado a su fin y ambas se levantan para ir a sus respectivas clases.
JAJAJA "...claro que quiero una no cita contigo." ¡¡Qué mala leche!! De verdad que vaya personaja que está hecha Karma, ¡es genial!
ResponderEliminar¡¡Tengo muchas ganas de saber qué pasará en la "no cita"!!!
Un abrazo cielos!!