miércoles, 28 de marzo de 2012

Capítulo 4.

La semana pasa muy rápidamente para Sofía, y en un abrir y cerrar de ojos ya es viernes a la tarde. 


Está nerviosa. 


Rebusca en su armario y saca toda su ropa. Empieza a pensar que no tiene nada que le sirva cuando encuentra unos viejos tejanos oscuros un poco deshilachados por las rodillas en el fondo del armario. Sonríe porque es increíble que eso esté allí. Desde luego, su madre no tenía constancia de aquello; esos pantalones tan "pordioseros" estarían en la basura de ser por ella. 


Los pantalones tienen un par de años y le están algo pequeños, quedándole más ajustados de lo que querría, pero se pone el jersey de Karma, que es ancho, y lo disimula. 


Se pone maquillaje; sombra de ojos negra y morada y un poco de brillo de labios. no le gusta. Por Dios, pareces un payaso


Se lo quita y se pone sombra de ojos color melocotón y se pinta los labios rosados. Tampoco le gusta. 


Después de probar cinco estilos diferentes de maquillaje, decide optar por una sombra de ojos lila claro (apenas se nota) y un poco de brillo de labios, no muy exagerado, porque Sofía no era así. Sofía no llevaba maquillajes exagerados. A ella no le quedaba bien el maquillaje. Sin embargo, a Karma le quedaba perfecto ese maquillaje llamativo, oscuro, misterioso...


Y Sofía no está pensando para nada en Karma mientras se mira por vigésima vez en el espejo y piensa si le gustará el modelito que lleva. Si se fijará en que lleva su jersey. Si se fijará en que se ha maquillado. 


No está nerviosa. Para nada. No. 




Es la hora. Sofía se despide de su familia con la cabeza gacha para evitar preguntas y de forma rápida para que su madre no se fije en su ropa. Sale de casa, suspirando, intentando que desaparezcan los nervios que hacen que sus piernas y sus manos tiemblen como si fuera tonta. 


Antes de llegar a las puertas del cine ya ve a Karma -pantalón negro con tachuelas plateadas y chaqueta de cuero grande y que parece de hombre- apoyada en la pared, con la cabeza hacia atrás, con una mano en el bolsillo del pantalón y la otra en los labios, sujetando un cigarro. Como si notara su presencia, Karma gira la cabeza y la mira. Los labios de Sofía se curvan hacia arriba pero vuelve a ponerse seria por miedo a parecer muy descarada. 


- ¡Hey, Sofi! -Karma se despega de la pared y cierra la distancia entre ellas y antes de que Sofía pueda devolver el saludo, la pelirroja se agacha y le da un beso corto en la mejilla. Sonríe y señala las puertas del cine con un gesto de cabeza-. ¿Vamos?


Sofía asiente con la cabeza clavada en el suelo para que no se note su repentino sonrojo. Karma sonríe, con esa sonrisa enorme suya, y empieza a caminar hacia la puerta del cine, seguida por Sofía. 


Cuando entran en la sala, la película ya está empezada así que se sientan en la última fila para no molestar a la gente. 


- ¿De qué va la película? - Karma se acerca mucho a la oreja de Sofía y susurra. Se acerca tanto que puede sentir cómo sus labios rozan su piel suavemente, haciendo que se le erice. 


- De... de zombies... y sangre... y esas cosas. - A Sofía se le ha hecho un nudo en la garganta y apenas puede hablar. El pelo de Karma huele a vainilla. Sofía odia la vainilla, pero le gusta Karma. Es decir, le gusta su olor. Lo que sea. 


- Vaya... tienes buen gusto - Karma susurra de nuevo contra su oreja. Después, se acomoda en la butaca para ver la película tranquilamente. 


Cosa que Sofía no puede hacer, porque se pasa todo el rato pensando en qué más cosas podría Karma susurrarle al oído de aquella manera. 


Susurrarle con aquella dulce voz... sonreírle con aquella sonrisa enorme... abrazarla con aquellos delgados y perfectos brazos... besarl...


- Eh, nena -Karma le da golpecitos en el hombro, cortando el hilo de sus pensamientos. Entonces se da cuenta de que la película ha terminado y están saliendo los créditos-. Te has quedado empanada de una forma impresionante. 


A Sofía le arden las mejillas; tiene tanta vergüenza que no sabe dónde meterse. Karma se encoje de hombros, sonriendo, y se levanta para salir del cine. Sofía se levanta torpemente y la sigue. 






California ya se está oscureciendo. Se puede ver el perfil negro de las palmeras cortando el cielo naranja y rojo y la temperatura ha bajado considerablemente, pero sigue siendo agradable pasear con un simple jersey como único abrigo. 


- ¿Qué te apetece hacer ahora? - Pregunta Sofía intentando disimular la sonrisa, esperando que no se note demasiado las ganas desesperadas que tiene de estar con ella. 


No, Sofía, no puedes asustarla. Te cae bien, es como... como tu amiga. A ella no le gustas. A ella le gustan los tíos. Le gusta Matt. no tú. Así que déjalo. No pienses más en ello. 


- Pues no sé, lo que tú quieras... ¿qué habías pensado hacer?


- Venir al cine. 


Karma se ríe. 


- Bueno, ¿qué tenías pensado hacer después de venir al cine?


- La verdad es que no había pensado en nada...


No había pensado en nada que pudiéramos hacer después de venir al cine porque realmente creía que no vendrías. Aunque me hubieras dicho desde el primer momento que sí que saldrías conm... que vendrías aquí conmigo, yo pensaba que al final te rajarías y no vendrías...


Entonces, Karma dice algo que Sofía no se esperaba. Para nada. 


- Ashley da una fiesta en su casa -su voz suena demasiado emocionada-. ¡Vayamos!


¿Hola?


¿Lo dice en serio?


- ¿Te ha invitado? -Sofía nota la envidia en su lengua. Ashley daba muchas fiestas y a ella nunca jamás la había invitado. ¿Karma era nueva y ya la invitaban a las fiestas las animadoras populares?


- No, no lo ha hecho. -Responde la pelirroja. A Sofía le dan ganas de pegarse a sí misma por haber pensado algo tan horrible-. Pero las mejores fiestas son las que no estás invitado. 


- ¿Estás sugiriendo que nos colemos? -Se le desencaja la mandíbula. Karma sonríe maliciosamente-. Dime que es broma. 


- Vamos, será divertido. -Karma da saltitos como una niña pequeña y caprichosa. Sofía se derrite, ¿vale?


- Está bien. -Se arrepiente casi al segundo de decirlo. 


- ¿Sabes dónde vive?


- Sí... -afirma, muy a su pesar. 


Karma le sonríe y Sofía no tiene más remedio que devolverle la sonrisa. 




Había pensado en ir a cualquier sitio con ella, a cenar a algún lado, en ir al paseo marítimo... pero no en ir a casa de la maldita Ashley Smith. 


Mientras Sofía piensa en ello, siente que algo frío le roza la mano. Agacha la cabeza y ve cómo la mano de Karma roza la suya. La mira y la pelirroja sonríe ampliamente, enserio, su sonrisa. Siente cómo la mano de Karma acaricia sus dedos y su palma para, finalmente, agarrar su mano por completo. 


Van caminando por la calle cogidas de la mano. Sonriendo. Y con los pensamientos de Sofía que cada vez pesan más y más...


Y de repente no le importa colarse en una fiesta repleta de víboras. 

viernes, 23 de marzo de 2012

Capítulo 3.


Sofía se tira en la cama, pero se levanta rápidamente y estira la colcha de color pastel hasta alisarla. Si a su madre le diese por entrar y viera la cama desordenada y a ella encima le daría un ataque. Odiaba aquella manía suya de tenerlo todo en orden y perfecto, pero odiaba todavía más haberlo heredado. Suspiró.
Su habitación era otro cuarto más de aquella casa que se mantenía en perfecto orden y equilibrio. Las paredes pintadas de un color claro, las cortinas blancas y de encaje, los muebles –cama, armario, tocador sobre el que había un espejo de marco dorado- de madera de roble y una suave alfombra en el centro de la habitación. El único toque personal que había allí era un póster de Axl Rose, pegado dentro de la puerta del armario para que no se viera.
Enciende el ordenador para mirar su correo. Borra algo de spam y se detiene en el mensaje semanal que el cine del que es socia le manda; hacen una de esas películas de zombies, que son malas y todas iguales pero que a Sofía, secretamente, le encantan.
Por un momento se le enciende la bombilla y piensa que podría estar bien preguntarle a Karma si querría ir con ella.
O no.
A lo mejor no le gustan las películas de zombies.
O tal vez ya se ha dado cuenta de que es mejor no ser su amiga.
Apaga el ordenador de un manotazo y saca el libro de literatura de la mochila para intentar estudiar algo.
Al cabo de un rato piensa que es mejor cerrarlo, porque ha estado diez minutos dibujando, casi sin darse cuenta, penes sonrientes en el margen del libro.
No es que no pueda parar de pensar en Karma, no, no, es que me ha hecho gracia el dibujito ¿vale? No se lo cree ni ella.
Karma es genial… es un poco rara y está loca, pero es genial.  Está todo el rato sonriendo y parece que siempre tiene algo que decir. Se han pasado la tarde juntas, primero en su casa y luego habían ido a dar un paseo por la ciudad, pero Sofía no conocía muchos sitios interesantes a donde llevarla. Se lo había pasado bien, aunque la mayor parte del tiempo había tenido la boca cerrada mientras Karma no paraba de hablar. Se había sentido incómoda, más de lo quisiera, ante el descaro de la pelirroja con algunas cosas, como cuando se cruzaron con un grupo de chicos que les lanzaron piropos (Sofía estaba segura de que iban dirigidos sólo a la otra chica) y Karma les contestó haciéndole propuestas obscenas. Se sintió aliviada cuando se dio cuenta de que iba en broma.
No sabía en qué momento se había soltado el pelo, pero cuando lo hizo se quedó embobada. La larga melena roja le caía en suaves hondas hasta la cintura y, algunos mechones rebeldes caían por cara, rozándole las mejillas. Sofía sentía envidia y a la vez admiración por su belleza.
Sofía no se había fijado mucho en nadie, pero cuando lo había hecho, nunca había sido de un chico y…
Sería horrible que Karma se enterara de que le gustan las chicas. Tal vez, se alejaría de ella.
Sofía dio un par de vueltas en su silla giratoria, echó la cabeza  hacia atrás y clavó la mirada en el techo. Nadie sabía que era lesbiana. Si su familia se enteraba probablemente la atarían a la cama y harían que un cura intentase sacarle el demonio de dentro. Si se enteraban en el instituto no pasaría nada, tal vez alguna mofa tonta, pero nada importante. Aunque bueno, siempre había alguien con la mentalidad de sus padres…
¿Qué más da? Nadie lo va a saber. Y menos Karma.
La puerta de la habitación se abre de repente, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos.  Emily, su hermana, asoma la cabeza. Es tres años menor que ella y es como un gran grano en el culo. La niña mira a Sofía con sus enormes ojos oscuros con malicia y sonríe.
-¿Ya estás pensando en tu novio? –dice con su molesta vocecilla aguda.
-Yo no tengo novio –Sofía intenta no perder los nervios.
-Normal, eres un cardo –se burla Emily, acariciando una de sus trenzas de pelo oscuro que lleva recogidas con un fino lazo rosado.
-Y tú adoptada -Sofía pone mala cara, pero no lo intenta disimular como hace de costumbre. Emily le saca la lengua, haciendo que la nariz, salpicada de pecas, se arrugue-. ¿Qué quieres?
-Mamá dice que la cena está lista –explica antes de desaparecer por la puerta de nuevo.
Sofía sale de la habitación y sigue a su hermana.


El día siguiente de instituto transcurre como de costumbre; ella en la mesa más alejada de clase, pegada a lado de la ventana y distraída con alguna tontería; ese día se ha dedicado a intentar hacer un agujero a la goma de borrar justo por el centro sin que se partiera por la mitad, sin éxito.
Ese día no tiene cálculo y al parecer no comparte ninguna otra clase con Karma.
Oh.
Mejor se dice. Así no la molestaría con su inagotable energía a la hora de hablar.
Pero cuando a la hora de la comida y va a su sitio habitual ve a Karma sentada, esperándola, y no puede evitar sonreír.
-¡Hola! –saluda la pelirroja alegremente. Ese día lleva puesta una vaporosa falda negra, medias moradas, esas zapatillas mugrientas y una horrible camiseta verde que no le pega en absoluto. Aún así está preciosa piensa Sofía.
Sofía le responde el saludo con un ligero movimiento de cabeza.
-¿Vas a sentarte? –Karma la mira burlonamente, y entonces se da cuenta de que se ha quedado de pie, mirándola como una estúpida.
Se apresura a sentarse a su lado y, cuando lo hace, Karma le da un empujoncito amistoso con el hombro.
-Me gusta tu chaqueta –le dice tirando de la manga.
Sofía se mira a sí misma y piensa que está bromeando. Su chaqueta de punto color crema con botoncitos en forma de cereza no parece para nada su estilo.
-Estás bromeando ¿no? –pregunta algo insegura.
-No, no –Karma hace un gesto con las manos-. Es muy bonita, yo nunca he tenido algo así.
-Te la regalo –Sofía se sorprende así misma de haber dicho eso sin pensar, pero antes de darse cuenta ya se la está sacando por los brazos.
-¿En serio? –exclama Karma con los ojos muy abiertos-. No es necesario…
-No pasada nada –le tiende la prenda-. De todas formas, la detesto.
Karma mira la chaqueta y parece que los ojos le brillan. Se la pone y su conjunto queda todavía más estridente. Le va algo pequeña porque es más alta que Sofía, pero aún así le queda como un guante. Se levanta del suelo y da un par de vueltas con los brazos abiertos como si fuera una bailarina, haciendo sonreír a Sofía. Vuelve a sentarse al lado de ella y le rodea la cara con las manos, la acerca a ella y le da un beso en la mejilla.
-Jo, muchas gracias, Sofi –dice sin soltar su cara. Sofía está segura de que se ha puesto roja como un tomate. Karma, entonces, se queda pensativa y después abre los ojos y la boca en una expresión de sorpresa – ¡Yo también quiero darte algo!
Sofía observa como Karma rebusca en su mochila y saca un jersey morado. Va a protestar y decirle que no es necesario que le de algo a cambio, pero Karma le pasa la prenda por la cabeza sin darle tiempo a abrir la boca. Resignada, pasa los brazos por las mangas y se la termina de poner bien. Tiene el cuello ancho, por los hilos sueltos probablemente haya sido cortado de malas maneras con unas tijeras, por lo que le cae por un hombro y las mangas le están demasiado largas.
-Déjame ver eso –Karma agarra sus brazos y da un par de vueltas a los puños hasta dejar las mangas a su medida-. Así mejor… ¡te queda bien ese color!
La mira pensativa y, de repente, le brillan los ojos. Vuelve a rebuscar en su mochila y saca una cámara de fotos. Sofía no entiende de fotografía pero parece ser muy antigua. Se pregunta que pretende hacer con ella.
-Con esta luz tus ojos parecen más claros. Son como dos caramelos más que nunca –explica colocándose de rodillas delante de ella y mirando por el objetivo-. Tengo que fotografiarlos.
Sofía se remueve y baja un poco la mirada. Nunca le han gustado mucho las fotos.
Karma baja la cámara y estira un brazo hacia ella para alzarle el rostro y retirarle el pelo de la cara, colocándolo detrás de la oreja.
-Tienes pecas, casi no se te ven –dice para sí misma pasándole un par de dedos por la nariz, haciendo que Sofía cerrase los ojos involuntariamente.
-Menuda pareja de bolleras más rara –ambas se giran hacia donde viene esa voz. Ashley seguida de su grupito de lameculos, que se ríen como gallinas, las señala con una sonrisa burlona. Afortunadamente pasa de largo sin añadir nada más.
Sofía agacha la cabeza, avergonzada, y Karma se remueve a su lado.
-Es idiota –dice, aunque su voz no suena molesta-. ¿Quién es?
-Ashley Smith, es la capitana de las animadoras –explica Sofía sin levantar la mirada del suelo.
-¡Que típico! – exclama divertida-. ¿También sale con el capitán del equipo de fútbol?
Sofía se ríe.
-¿Qué? –Karma da un par de palmadas-. ¿Sí?
-No, pero estuvieron saliendo el curso pasado.
-Este jodido instituto es como una película –Karma estalla en risas-. ¿Y ese capitán está bueno?
-Supongo… -se quedó pensativa. Matt Anderson lleva a la mayoría de féminas del instituto babeando detrás de su pelo castaño claro, sus ojos azules y su cuerpo de deportista. Lo busca con la mirada y lo encuentra no muy lejos de allí, sentado en la hierba, balón entre las piernas, con sus compañeros de equipo. Karma sigue su mirada y cuando lo ve se queda con la boca abierta.
- ¿Es ese? -pregunta. Sofía asiente-. Es MUY guapo.
- Pues a mí no me gusta. 
- ¿Cómo no puede gustarte? -Karma aparta la mirada de Matt y mira a Sofía como si estuviese loca- ¿Eres lesbiana?
Es una pregunta inocente y en plan broma, pero Sofía se atraganta con su propia saliva. 
Mierda, ¿Tan evidente soy?
Abre y cierra la boca un par de veces pero no es capaz de decir nada. Se ha puesto repentinamente nerviosa, le sudan las manos y tiene ganas de salir corriendo de allí. Karma cambia la expresión bromista por una un poco más seria. La mira con los ojos entornados. 
- Eres lesbiana -afirma. Se lleva la mano a la barbilla y piensa-. Bueno, pues nada ¿Y Ashley qué te parece? Es tonta, pero es guapa, ¿no?
- ¡No me gusta Ashley! -exclama Sofía asqueada solo con la idea. 
- ¡Ah, menos mal! -Karma se lleva la mano al pecho en un teatral gesto dramático y se ríe. 
Sofía se sorprende de lo poco incómoda que se ha sentido cuando Karma se ha enterado de que es lesbiana. No se lo ha confirmado, pero no hace falta. Sonríe. 
- ¿Quieres venir al cine el viernes? -Pregunta de sopetón-. Hacen una película de zombies...
- ¿Es una cita? -Karma la mira seriamente y a Sofía casi le da un infarto ¿Eh? La pelirroja suelta una carcajada- Es broma, claro que quiero una no cita contigo. 
Suena la campana que indica que la hora de la comida ha llegado a su fin y ambas se levantan para ir a sus respectivas clases. 

Capítulo 2.

Son las cinco, y Sofía no sabe si ir a casa de Karma o no.
Por una parte quiere ir, porque en todos los años que lleva de instituto nadie ha hablado mucho con ella, y esta chica es la primera persona que le dirige la palabra y no es un insulto. Además, le gusta Black Flag igual que a ella, y eso es un punto a favor.
Sin embargo, hay más contras que pros.
Hay algo en ella que no le acaba de gustar… quizás era su aspecto. Aunque bueno, esos pantalones tan cortos que llevaba a la mañana le quedaban genial. Por un momento siente envidia; a ella jamás le quedaría bien algo así. A Karma se le adaptaban de forma perfecta a sus caderas y sus muslos y, además…
No.
Vuelve a mirar el reloj. Las cinco y media. O sale ahora de casa o llega tarde. O, directamente, no va a su casa.
Pero algo dentro de Sofía se activa y, en un momento, ya ha salido de casa, mira la dirección que Karma ha escrito en el papel que le había dado y se dirige hacia allí.
Cuando llega, su respiración está agitada, y la cabeza le da vueltas.
¿Tiene que picar al timbre?
¿Tiene que golpear la puerta?
¿Se queda allí como un pasmarote sin moverse hasta que alguien la vea y le abra la puerta?
Sofía mete las manos en los bolsillos del pantalón para evitar que siga temblando, cuando encuentra de nuevo el papel de la dirección de Karma. Lo saca de su bolsillo y lo abre. Lo primero que ve es aquel gracioso dibujo: el pene sonriente. Sofía se queda mirándolo fijamente y no puede evitar sonreír. Nota la atenta mirada de alguien y levanta la cabeza del papel para toparse directamente con los ojos verdes, claros y brillantes de Karma a dos pasos de ella. Sofía se sonroja y baja la mirada, mientras vuelve a guardar el papel en su bolsillo. Las manos le tiemblan otra vez.
- ¡Hola!-Karma sonríe tan grande que incluso parece que tiene luz propia- ¿Te vas a quedar aquí fuera o quieres pasar?
- Yo…
Pero Karma no deja que acabe de hablar. Inmediatamente la coge del brazo con sus finas manos y la arrastra con fuerza hacia el interior de la casa.
- ¡Vamos, entra, no mordemos! O, bueno, al menos mis padres no muerden… - Dice con una sonrisa de lado.
Una vez dentro de la casa, Sofía consigue relajarse un poco. El ambiente es acogedor, la casa es pequeña, con pocos muebles, los suficientes. Era completamente diferente a la suya; sólo la cocina es casi tan grande como toda su casa
- ¡Bienvenida a mi casa! Bueno, mía y de mis padres… ya sabes –se ríe.
- Me encanta.
- Meh, no es nada fuera de lo normal… es solo una casucha pequeña.
- Pues qué envidia… me encantaría vivir en un sitio como este –Sofía está segura de que esa frase es la más larga que ha dicho desde que se conocen.
- ¿Cómo es la tuya? –pregunta Karma con los ojos muy abiertos, cómo si saber eso le interesara mucho.
- Pues es…
- ¡No, espera, no me lo expliques! – La corta de repente Karma-. No me lo cuentes, así, cuando vaya, será una sorpresa.
- Pero… ¿por qué dices eso? –Sofía empieza a pensar que aquella chica está rematadamente loca.
- ¿El qué? –la pelirroja inclina ligeramente la cabeza hacia un lado, dando a entender que no entiende lo que le acaba de decir Sofía.
- Que vas a venir a mi casa.
- Porque, Caramelo… -Karma sonríe de lado-. Voy a ir a tu casa una tarde. Está claro.
¿Qué? Yo no te he invitado. Sí, está loca.
- Pero…
- ¿Quieres subir a mi cuarto? –dice Karma, eufórica de repente. De nuevo la coge del brazo y la arrastra hasta arriba de las escaleras y la dirige hasta el primer cuarto al fondo del pasillo.
Cuando entran, Sofía siente una tremenda envidia de su cuarto.
Paredes pintadas de blanco pero llenas de frases pintadas; seguramente letras de canciones o poesías; también tiene unos cuantos pósters (Black Flag, Nirvana, Misfits…) colgados de mala manera con chinchetas. Al fondo del cuarto, bajo la ventana tapada con unas cortinas opacas de color granate para que no entre luz, hay una cama sencilla cubierta con una colcha verde salpicada de pequeñas estrellas de color rosa. En la pared de la derecha hay un armario y una estantería muy grande llena de libros y cómics. En la pared de enfrente hay un escritorio que está a rebosar de hojas blancas, llenas de palabras, tachones y (Sofía sonríe) pequeños dibujitos de penes y tetas sonrientes. Al lado de la mesa hay dos pequeños estantes con CDs muy variados; Black Flag, Paramore, Joy Division, Bowie...  Sofía los reconoce a primera vista porque es música que le encanta.
-¿Qué, te gusta lo que ves? –Dice Karma, con una sonrisa pícara, en un tono que hace que Sofía se extrañe.
¿Lo ha dicho con doble sentido?
-Tu cuarto me encanta… -murmura Sofía, más para ella que para la otra chica.
Se siente ligeramente avergonzada.
- Te repites, eso de “me encanta” ya lo has dicho antes… -Karma se ríe-. Bueeeeno, ¿qué quieres escuchar, Caramelo?
- ¡No me llames Caramelo!
- Oh, lo siento, no sabía que te molestaba, Caramelito…
- Que no me llames Caramelo, ni Caramelito. ¡Sofía, me llamo Sofía! –Después de elevar la voz, Sofía se arrepiente, se pone roja y baja la cabeza.
- Hey, ¿estás bien?
- Me… me voy –Susurra Sofía. Empieza a caminar hacia la puerta, dispuesta irse a su casa, encerrarse en su cuarto, a escuchar su música y pensar en su mierda de vida, y en cómo siempre la caga cuando habla con alguien. Pero Karma, una vez más, la agarra por el brazo e impide que se vaya.
- ¡Eh, no te vayas! Yo quiero que te quedes, Sofi.
Sofi… Ese diminutivo, que Sofía odia, pronunciado por los labios de Karma no suena del todo mal. Sonaba muy bien. Es más, sonaba bonito.
Sofía se queda quieta y mira a Karma, que sonríe.
- ¿Te quedas? – Le pregunta. Sofía asiente, roja como un tomate-. Bien, pues nada, siéntate en la cama, como si estuvieras en tu casa ¿eh? y dime qué música quieres que ponga. Tú mandas, Sofi.
Sofi…
Empezaba a caerle bien Karma. 

jueves, 22 de marzo de 2012

Capítulo 1.


Si le hablas de California a cualquier persona, lo más seguro es que piense en sol, playa y gente bronceada. Si le hablas de California a Sofía Jones, probablemente se encoja de hombros, disimulando una mueca de asco.
Sofía detesta vivir en California casi tanto como el instituto. Desde el primer día, la secundaria se convirtió en un infierno. Es tan típico y absurdo que es hasta gracioso; Los adolescentes son simples, no les gusta demasiado lo raro, y Sofía lo es.
No es el tipo de chica californiana de piel morena, pelo rubio con perfectas ondas y grandes ojos claros, es tan bajita que aparenta trece años aunque esté cerca de los diecisiete, tiene los ojos y el pelo oscuro, tan liso que siempre acaba tapándole la cara. No le gustan las fiestas en la playa y no se relaciona demasiado con la gente; cuando alguien le habla se pone nerviosa y responde alguna gilipollez. Empieza a pensar que no está hecha para las relaciones sociales.
Se sienta en la mesa más alejada de clase, junto a la ventana, esperando a que acabe el día, pero a veces… bueno, en todo instituto tiene que haber un grupo de chicas populares y divinas, en este instituto estaba encabezado por una guapa y rubia animadora llamada Ashley Smith. No es que la acosen, todo lo contrario, por lo general suele ser invisible para todo el mundo, pero alguna que otra vez han dejado caer mofas tipo “perdedora” o “rarita” cuando pasan a su lado. Hace como que no las escucha, se mete los auriculares en las orejas con la música a tope y agacha la cabeza hasta que se largan.
No es cobardía, simplemente prefiere dejarlo pasar.

Sofía juguetea con un hilo suelto de los vaqueros cuando se da cuenta de que ha pasado casi toda la hora de clase sin prestar atención. Suspira y vuelve al hilo del pantalón.
De repente la puerta de la clase se abre y entra una chica. Todos los ojos se posan en ella pero entra sin cohibirse. Se escuchan murmullos y Sofía está casi segura de que es por el aspecto de la chica. Definitivamente por allí no estaban muy acostumbrados a ver a alguien así. Lleva unas zapatillas que habían vivido sus mejores años hacía mucho, medias negras y rotas por todos lados, camiseta de Black Flag (¡Black Flag!), un pantalón demasiado corto como para llevar etiqueta de “chica decente” y una mochila de tela llena de parches colgada del hombro.
El profesor de cálculo le pregunta con voz aburrida si es la nueva y ella asiente de forma energética. Sofía no está prestando demasiada atención, pero debe de decirle que tome asiento porque la chica  se adentra entre las fileras de mesas.
-Tenemos de compañera a un miembro de la Familia Adams –se burla en voz alta Ashley, lo suficiente alto como para que la clase escuche lo ingeniosa que es, y se escuchan varias risitas de fondo. El profesor los chista sin demasiadas ganas.
La chica le saca el dedo índice sin reparo a Ashley y sigue andando tranquilamente, dejando a la rubia con la boca exageradamente abierta. Sofía la compadeció, no sabía en la que se acaba de meter.
Oh, vaya, estupendo, se sienta al lado de ella, no en la mesa vacía de al lado, ni en la que está a un par de de filas por delante, a su maldito lado. Le iba a venir genial aquello para su popularidad.
Sofía se remueve en su asiento, incómoda, y frunce el ceño. Apoya la barbilla en una mano e inclina la cabeza para que el pelo caiga, creando una cortina, semi ocultando su rostro.
-Hola –dice la chica. Sofía rueda los ojos no quiero socializar contigo-. Me llamo Karma.
Sofía gira un poco la cabeza y la mira ¿De qué tipo de burdel se había escapado? Tiene los ojos pintados de negro, enmarcando unos ojos verdes, grandes y brillantes,  los labios de un morado intenso y el pelo rojo (teñido; se le empiezan a adivinar las raíces oscuras) recogido en una larga trenza de la que se escapan varios mechones que caen sobre sus hombros. Un look muy adecuado para el instituto, sí señor.
-Vale –dice Sofía simplemente.
-¿Vale? –la chica, Karma, ¿qué tipo de nombre es ese?, la mira directamente a los ojos, lo que hace sentir incómoda a Sofía.
-¿Qué pasa? –pregunta sin entenderla.
Karma suelta un pequeña carcajada y se pasa la mano, con las uñas pintadas de negro, por el pelo.
-Bueno, cuando alguien se presenta diciendo su nombre espera que le respondan igual, no con un estúpido “vale” –explica.
-¿Me estás llamando estúpida?
-¿Qué? No, claro que no –Karma se defiende y la mira como si fuera algo muy divertido. A Sofía no le hace gracia-. ¿Cómo te llamas?
Sofía la mira, sopesando la idea de ignorarla, tal vez no insistiría en mantener una conversación. Karma da golpecitos en la mesa con las uñas y no le quita los ojos de encima, no parecía que se fuese a rendir.
-Me gusta Black Flag –dice Sofía señalando su camiseta. Karma sonríe de oreja a oreja y, tiene que admitir que es una sonrisa adorable.
Karma vuelve a abrir la boca, seguramente para preguntar otra cosa, pero Sofía abre su cuaderno y empieza a copiar frenéticamente lo de la pizarra. La pelirroja capta la indirecta porque no vuelve a decir palabra en lo que queda de clase.


A Karma Evans le encanta California. Acaba de mudarse allí con su familia y ya siente que es su lugar. Se han trasladado desde Nueva Jersey, un lugar gris, y el cambio es importante. En California siempre hay sol y es como si la llenara de energía.
Desde que ha llegado ha estado con la sonrisa estampada en la cara, está segura de que sus nuevos vecinos ya piensan que está loca, pero no le importa.
Ya tiene localizadas varias tiendas de música, se ha hecho amiga de la abuelita que vive en la casa del al lado,  ha ido a la playa y ha jugado en la orilla del mar con su padre como si los dos fueran críos.
Está contenta y todavía no había empezado a extrañar su antiguo hogar.
El primer día de instituto está algo nerviosa; hacía unos meses que el curso ya había empezado y no conoce a nadie, pero eso nunca ha sido un problema para ella.
Cuchichean bastante cuando la ven pasar pero ella les sonríe descaradamente.
No es chulería, es ganas de comerse a todos.

Karma va algo perdida, no conoce todavía el instituto. Ha pasado de la cafetería porque no le apetece sentarse sola y ha salido fuera a disfrutar del sol. Entonces la ve. La chica con la que ha compartido mesa en su primera clase. Sentada en el suelo, medio oculta por un par de arboles, con las piernas cruzadas, la espalda apoyada en la fachada de una pequeña casita -de mantenimiento, o de objetos de gimnasia tal vez, Karma no tiene ni idea-.
Se acerca a ella. Cuando la chica la ve, pone mala cara. A Karma le hace gracia como lo intenta disimular: aprieta los labios y mira hacia otro lado.
-Hey –saluda. Se sienta a su lado sin esperar una invitación.
No parece muy contenta de que ella esté ahí. Bah.
-Tienes unos ojos muy bonitos –dice Karma. La chica pone cara de no enterarse de una mierda que resulta muy graciosa-. Parecen dos caramelos.
Otra vez esa cara mal disimulada.
-Oh, tengo una idea –exclama Karma- como no sé tú nombre te llamaré Caramelo ¿vale?
-¿Eh? –musita la recién bautizada.
-Encantada de conocerte, Caramelo –le agarra la mano y se la estrecha, aunque no está muy por la labor-. ¿A qué clases vas? A lo mejor compartimos alguna más.
La chica boquea un par de veces pero no llega a decir nada.
-¿Te has tragado una mosca o algo, Caramelo?
-¡Sofía!
-No, me llamo Karma, te lo he dicho antes.
-Idiota, Sofía soy yo –explica alterada.
Karma se ríe con ganas.
-Lo sé, era broma –rebusca en su mochila y saca una hoja de color amarillo y un bolígrafo y empieza a escribir algo-. Ahora que ya nos conocemos puedo invitarte a mi casa.
Le da la hoja y se levanta del suelo, dándose palmadas en el trasero para limpiárselo.
-Antes has dicho que te gusta Black Fag, podemos escucharlos juntas. Y luego puedes enseñarme la ciudad, todavía no la conozco demasiado ¿Qué te parece?
-Eeeh... –balbucea Sofía.
-Tomaré eso como un sí. Esta tarde ¿a las seis?  –asiente para ella misma-. Genial, nos vemos luego, Caramelo.
Y tras decir eso se va de allí alegremente.
Sofía contempla como se aleja, piensa que esos pantalones tan cortos deberían estar prohibidos, y cuando la pierde de vista agacha la mirada al papel que le ha dado: una dirección y un pequeño e infantil dibujo de un pene sonriente.
¿Qué demonios acababa de pasar?

California

Si le hablas de California a cualquier persona, lo más seguro es que piense en sol, playa y gente bronceada. Si le hablas de California a Sofía Jones, probablemente se encoja de hombros, disimulando una mueca de asco.

A veces se meten con ella. Agacha la cabeza y se escapa a su mundo. 
No es cobardía, simplemente prefiere dejarlo pasar.


A Karma Evans le encanta California. Acaba de mudarse allí con su familia y ya siente que es su lugar. Se han trasladado desde Nueva Jersey, un lugar gris, y el cambio es importante. En California siempre hay sol y es como si la llenara de energía.

En su nuevo instituto cuchichean al verla pasar. Ella les sonríe descaradamente. 
No es chulería, son ganas de comerse a todos.