Si le hablas de California a cualquier persona, lo más
seguro es que piense en sol, playa y gente bronceada. Si le hablas de
California a Sofía Jones, probablemente se encoja de hombros, disimulando una
mueca de asco.
Sofía detesta vivir en California casi tanto como el
instituto. Desde el primer día, la secundaria se convirtió en un infierno. Es
tan típico y absurdo que es hasta gracioso; Los adolescentes son simples, no
les gusta demasiado lo raro, y Sofía lo es.
No es el tipo de chica californiana de piel morena,
pelo rubio con perfectas ondas y grandes ojos claros, es tan bajita que
aparenta trece años aunque esté cerca de los diecisiete, tiene los ojos y el
pelo oscuro, tan liso que siempre acaba tapándole la cara. No le gustan las fiestas
en la playa y no se relaciona demasiado con la gente; cuando alguien le habla
se pone nerviosa y responde alguna gilipollez. Empieza a pensar que no está
hecha para las relaciones sociales.
Se sienta en la mesa más alejada de clase, junto a la
ventana, esperando a que acabe el día, pero a veces… bueno, en todo instituto
tiene que haber un grupo de chicas populares y divinas, en este instituto
estaba encabezado por una guapa y rubia animadora llamada Ashley Smith. No
es que la acosen, todo lo contrario, por lo general suele ser invisible para
todo el mundo, pero alguna que otra vez han dejado caer mofas tipo “perdedora”
o “rarita” cuando pasan a su lado. Hace como que no las escucha, se mete los auriculares
en las orejas con la música a tope y agacha la cabeza hasta que se largan.
No es cobardía, simplemente prefiere dejarlo pasar.
Sofía juguetea con un hilo suelto de los vaqueros
cuando se da cuenta de que ha pasado casi toda la hora de clase sin prestar
atención. Suspira y vuelve al hilo del pantalón.
De repente la puerta de la clase se abre y entra una
chica. Todos los ojos se posan en ella pero entra sin cohibirse. Se escuchan
murmullos y Sofía está casi segura de que es por el aspecto de la chica. Definitivamente
por allí no estaban muy acostumbrados a ver a alguien así. Lleva unas
zapatillas que habían vivido sus mejores años hacía mucho, medias negras y
rotas por todos lados, camiseta de Black Flag (¡Black Flag!), un pantalón
demasiado corto como para llevar etiqueta de “chica decente” y una mochila de
tela llena de parches colgada del hombro.
El profesor de cálculo le pregunta con voz aburrida si
es la nueva y ella asiente de forma energética. Sofía no está prestando
demasiada atención, pero debe de decirle que tome asiento porque la chica se adentra entre las fileras de mesas.
-Tenemos de compañera a un miembro de la Familia Adams
–se burla en voz alta Ashley, lo suficiente alto como para que la clase escuche
lo ingeniosa que es, y se escuchan varias risitas de fondo. El profesor los
chista sin demasiadas ganas.
La chica le saca el dedo índice sin reparo a Ashley y
sigue andando tranquilamente, dejando a la rubia con la boca exageradamente
abierta. Sofía la compadeció, no sabía en la que se acaba de meter.
Oh, vaya, estupendo, se sienta al lado de ella, no en
la mesa vacía de al lado, ni en la que está a un par de de filas por delante, a
su maldito lado. Le iba a venir genial aquello para su popularidad.
Sofía se remueve en su asiento, incómoda, y frunce el
ceño. Apoya la barbilla en una mano e inclina la cabeza para que el pelo caiga,
creando una cortina, semi ocultando su rostro.
-Hola –dice la chica. Sofía rueda los ojos no quiero socializar contigo-. Me llamo
Karma.
Sofía gira un poco la cabeza y la mira ¿De qué tipo de
burdel se había escapado? Tiene los ojos pintados de negro, enmarcando unos
ojos verdes, grandes y brillantes, los
labios de un morado intenso y el pelo rojo (teñido; se le empiezan a adivinar
las raíces oscuras) recogido en una larga trenza de la que se escapan varios
mechones que caen sobre sus hombros. Un
look muy adecuado para el instituto, sí señor.
-Vale –dice Sofía simplemente.
-¿Vale? –la chica, Karma, ¿qué tipo de nombre es ese?, la mira directamente a los ojos, lo
que hace sentir incómoda a Sofía.
-¿Qué pasa? –pregunta sin entenderla.
Karma suelta un pequeña carcajada y se pasa la mano,
con las uñas pintadas de negro, por el pelo.
-Bueno, cuando alguien se presenta diciendo su nombre
espera que le respondan igual, no con un estúpido “vale” –explica.
-¿Me estás llamando estúpida?
-¿Qué? No, claro que no –Karma se defiende y la mira
como si fuera algo muy divertido. A Sofía no le hace gracia-. ¿Cómo te llamas?
Sofía la mira, sopesando la idea de ignorarla, tal vez
no insistiría en mantener una conversación. Karma da golpecitos en la mesa con
las uñas y no le quita los ojos de encima, no parecía que se fuese a rendir.
-Me gusta Black Flag –dice Sofía señalando su camiseta.
Karma sonríe de oreja a oreja y, tiene que admitir que es una sonrisa adorable.
Karma vuelve a abrir la boca, seguramente para
preguntar otra cosa, pero Sofía abre su cuaderno y empieza a copiar
frenéticamente lo de la pizarra. La pelirroja capta la indirecta porque no
vuelve a decir palabra en lo que queda de clase.
A Karma Evans le encanta California. Acaba de mudarse
allí con su familia y ya siente que es su lugar. Se han trasladado desde Nueva
Jersey, un lugar gris, y el cambio es importante. En California siempre hay sol
y es como si la llenara de energía.
Desde que ha llegado ha estado con la sonrisa estampada
en la cara, está segura de que sus nuevos vecinos ya piensan que está loca,
pero no le importa.
Ya tiene localizadas varias tiendas de música, se ha
hecho amiga de la abuelita que vive en la casa del al lado, ha ido a la playa y ha jugado en la orilla
del mar con su padre como si los dos fueran críos.
Está contenta y todavía no había empezado a extrañar su
antiguo hogar.
El primer día de instituto está algo nerviosa; hacía
unos meses que el curso ya había empezado y no conoce a nadie, pero eso nunca
ha sido un problema para ella.
Cuchichean bastante cuando la ven pasar pero ella les
sonríe descaradamente.
No es chulería, es ganas de comerse a todos.
Karma va algo perdida, no conoce todavía el instituto.
Ha pasado de la cafetería porque no le apetece sentarse sola y ha salido fuera
a disfrutar del sol. Entonces la ve. La chica con la que ha compartido mesa en
su primera clase. Sentada en el suelo, medio oculta por un par de arboles, con
las piernas cruzadas, la espalda apoyada en la fachada de una pequeña casita -de
mantenimiento, o de objetos de gimnasia tal vez, Karma no tiene ni idea-.
Se acerca a ella. Cuando la chica la ve, pone mala
cara. A Karma le hace gracia como lo intenta disimular: aprieta los labios y
mira hacia otro lado.
-Hey –saluda. Se sienta a su lado sin esperar una
invitación.
No parece muy contenta de que ella esté ahí. Bah.
-Tienes unos ojos muy bonitos –dice Karma. La chica
pone cara de no enterarse de una mierda que resulta muy graciosa-. Parecen dos
caramelos.
Otra vez esa cara mal disimulada.
-Oh, tengo una idea –exclama Karma- como no sé tú
nombre te llamaré Caramelo ¿vale?
-¿Eh? –musita la recién bautizada.
-Encantada de conocerte, Caramelo –le agarra la mano y
se la estrecha, aunque no está muy por la labor-. ¿A qué clases vas? A lo mejor
compartimos alguna más.
La chica boquea un par de veces pero no llega a decir
nada.
-¿Te has tragado una mosca o algo, Caramelo?
-¡Sofía!
-No, me llamo Karma, te lo he dicho antes.
-Idiota, Sofía soy yo –explica alterada.
Karma se ríe con ganas.
-Lo sé, era broma –rebusca en su mochila y saca una
hoja de color amarillo y un bolígrafo y empieza a escribir algo-. Ahora que ya
nos conocemos puedo invitarte a mi casa.
Le da la hoja y se levanta del suelo, dándose palmadas
en el trasero para limpiárselo.
-Antes has dicho que te gusta Black Fag, podemos
escucharlos juntas. Y luego puedes enseñarme la ciudad, todavía no la conozco
demasiado ¿Qué te parece?
-Eeeh... –balbucea Sofía.
-Tomaré eso como un sí. Esta tarde ¿a las seis? –asiente para ella misma-. Genial, nos vemos
luego, Caramelo.
Y tras decir eso se va de allí alegremente.
Sofía contempla como se aleja, piensa que esos
pantalones tan cortos deberían estar prohibidos, y cuando la pierde de vista
agacha la mirada al papel que le ha dado: una dirección y un pequeño e infantil
dibujo de un pene sonriente.
¿Qué demonios acababa de pasar?
¡¡Putillas mías!!
ResponderEliminar¡¡¡Me gusta!!! la pelirrojilla descarada me recuerda a alguien... aunque por el momento no tienen mucho que ver, pero no sé, he pensado en él.
¡¡Espero que no tardéis mucho en subir lo siguiente!!
¡¡un abrazo cielos!!